“EMPRESARIO: UD. TIENE PROGRAMAS DE COMPLIANCE… Y NO LO SABE”

No, no hace falta que se mire fijamente en el espejo. Tampoco es una enfermedad vergonzante; todo lo contrario.

Detrás de esa afirmación -provocadora, claro- se esconde una realidad y es la de que, de forma paulatina, esa entelequia que llamamos “legislador” ha ido cargando sobre sus espaldas diversas obligaciones de necesario cumplimiento para poder desarrollar la actividad típica de cada organización.

¿Que Ud. no tiene programas de cumplimiento? Yo le digo que sí.

Un empresario, por definición, ordena factores de producción (trabajo y capital) para comercializar bienes y servicios con la finalidad última de obtener, con ello, una rentabilidad. Y, cómo no, la gestión de uno de esos factores de producción (trabajo) exige diseñar, implementar y -siempre se olvida esto último- observar un plan de prevención de riesgos laborales. Como es sabido, año tras año se ha ido endureciendo la legislación para reducir la tasa de accidentes laborales, hasta el punto de que en esa materia la frontera entre delito e infracción administrativa se ha difuminando y, cuando hay un accidente grave, el asunto queda inexorablemente judicializado.

¿Me va a decir que no tiene un plan para la prevención de los riesgos laborales? No lo diga muy alto, no sea que le pillen.

Por otro lado, no hay negocio que se precie que no maneje ingentes cantidades de datos que, a su vez, se procesan a través de lo que en contabilidad se denominan “equipos para proceso de información” y que el resto de mortales conocemos como “ordenadores”. Si no hay clientes no hay negocio; y si hay clientes (espero que sí, que tenga muchos y sobre todo pagadores), tendrá una base de datos, como mínimo, para poder facturarles los productos o servicios que les vende. A mayor abundamiento, su empresa estará conectada a la red de redes lo que significa que Ud. accede a ella y al resto del mundo por lo que le parece un “agujerito” pero que, desde el punto de vista de la seguridad, es un enorme boquete que pone en riesgo la integridad de esos datos que maneja (le hablo de gusanos, de troyanos… qué bonito).

¿Me va a decir que no tiene ningún plan para cumplir con las exigencias de la Ley de Protección de Datos? Espero que no maneje datos muy sensibles.

Determinados negocios, además, tienen que cumplir con las exigencias de la Ley de Prevención de Blanqueo de Capitales y Financiación del Terrorismo. Ello supone establecer una serie de procedimientos y respetar protocolos de trabajo para, no se me ocurre expresarlo de forma más gráfica, “chivarnos” a la autoridad competente cada vez que tomemos conocimiento de una actividad sospechosa. Y es que cobrar los productos y servicios que vendemos no lo es todo; hay que dar un paso más y asegurarse de que no nos pagan con el producto de un delito.

Como nota común a estos tres ámbitos normativos vemos que el Estado delega en nosotros mismos funciones policiales y, a la vez, establece duras sanciones si se producen incumplimientos de la norma.

Nos pongamos como nos pongamos –de perfil o cuerpo a tierra- siempre nos pilla el toro.

Si esto no se ve claro piense, finalmente, en el “Hacienda somos todos” y el invento del Maligno que suponen las llamadas “autoliquidaciones” y “declaraciones informativas”, que exigen un notable esfuerzo a la hora de conocer la norma -para observarla sin fallos- y que, al final, todos delegamos en terceros especializados, desde el sufrido cuñado que trabaja en la Delegación hasta costosísimos bufetes de renombre, puesto que no tenemos tiempo –ni ganas- de jugarnos el tipo en esta materia.

En ese caso el programa de cumplimiento lo tiene “externalizado”, pero al menos tiene un plan para cumplir con la norma tributaria, ¿o no?

JOSÉ RAMÓN SÁEZ NICOLÁS

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