“BROMAS” QUE SALEN CARAS

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Esta semana me ha venido a la mente la polémica surgida en 2014 en Carrefour Argentina al hilo del escándalo de la cocaína, concretamente de los 12 gramos de cocaína que la etiqueta de un budin (dulce casero) decía contener. ​
​Ante semejante situación, que más bien parecía una noticia de El Mundo Today, y como era lógico, la empresa salió presurosa a restarle importancia, cargando las tintas contra uno de sus proveedores, el cual a su vez atribuyó el hecho a un empleado molesto con la empresa, si bien el daño ya estaba hecho. ​
Los costes de reparación de la proveedora fueron más allá de las meras pérdidas económicas consistentes en retirada de productos, vuelta a la planta etiquetadora y etiquetación correcta, sino que la empresa Carrefour tuvo que soportar una pérdida de clientes que hasta bien pasado el tiempo no volvieron a confiar en la marca. A su vez, la imagen de la marca Carrefour perdió gran parte de su seriedad y prestigio, pues se mostró completamente vulnerable al haber sido víctima de la acción de un trabajador vengativo (según ellos, bromista).
Al final, lo que ocurrió no fue más que el síntoma de que no se llevaron a cabo los debidos controles. De haber tenido un programa de compliance debidamente implementado, hubiese sido muy pero que muy complicado que la adulteración del etiquetado se pasase por alto primero a la proveedora y después a la misma empresa Carrefour antes de la salida al mercado del producto. Pensemos por un momento si al trabajador en vez de haber incluido cocaína, se le hubiese ocurrido suprimir la inclusión de algún alimento alergénico, o no detallar correctamente el azúcar contenido…el impacto que ocasionaría por los daños a personas alérgicas o diabéticas sería inconmesurable. Es más, si los productos sensibles a la temperatura están mal etiquetados y posteriormente no tienen el almacenamiento debido, o la informacion necesaria “antes de su uso”, puede conducir potencialmente al riesgo de multiplicacion de microorganisos patógenos (por ejemplo E.Coli) resultando en una intoxicacion alimentaria al momento del consumo.
La reflexión que quiero transmitir es que los empresarios a veces queremos ahorrar costes pero no valoramos bien qué tipo de costes son imprescindibles o no (imaginen que, como ocurre en muchas ocasiones con estas empresas, el único cliente de la proveedora fuese Carrefour y ésta hubiese resuelto el contrato al perder la confianza, ¿salió cara la “broma” del empleado o no?).
En definitiva, nos reiteramos en que un programa de compliance previene hoy para no tener que curar mañana.
Armando A. Mira
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